Elegir un tipo de letra para una publicación digital no es solo una decisión estética. El tamaño, el peso, el interletrado y la elección de la familia tipográfica tienen un impacto directo en la legibilidad, especialmente para lectores con baja visión, dislexia o dificultades cognitivas. Una tipografía mal seleccionada puede convertir un texto bien escrito en un contenido difícil de procesar.

WCAG 2.1 aborda la tipografía principalmente a través del criterio 1.4.4, que exige que el texto pueda redimensionarse hasta un 200 % sin pérdida de contenido ni funcionalidad. En publicaciones EPUB con diseño adaptable (reflowable), este criterio se cumple de forma natural cuando el CSS no establece tamaños fijos en píxeles, sino que utiliza unidades relativas como em o rem. El lector puede entonces ajustar el tamaño del texto desde su sistema de lectura sin que el diseño se rompa.

Más allá del redimensionado, las buenas prácticas tipográficas para publicaciones accesibles incluyen evitar tipos de letra excesivamente decorativos o condensados para el cuerpo del texto, mantener un peso regular (ni demasiado fino ni demasiado grueso) y asegurar que los caracteres se distingan entre sí con claridad. Tipos de letra donde la «l» minúscula, la «I» mayúscula y el número «1» son visualmente idénticos generan confusión, especialmente en contextos técnicos o educativos. La familia tipográfica debe garantizar que cada glifo sea distinguible.

El interlineado también contribuye a la legibilidad. Un espaciado insuficiente entre líneas dificulta el seguimiento visual del texto, mientras que un interlineado generoso (al menos 1,5 veces el tamaño del tipo) facilita la lectura para personas con dislexia y baja visión. En EPUB adaptable, estos valores pueden definirse en el CSS pero también ser sobreescritos por las preferencias del usuario en su sistema de lectura, lo que refuerza la importancia de no bloquear estas opciones de personalización.

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