En muchas editoriales, la accesibilidad se percibe como una tarea del departamento de producción digital o de un proveedor externo de conversión. Sin embargo, las decisiones editoriales que se toman mucho antes de la fase de producción condicionan de forma decisiva la accesibilidad del producto final. Desde la estructura del manuscrito hasta la elección de las imágenes, el editor desempeña un papel central en la cadena de la accesibilidad.

El editor puede influir en la accesibilidad desde el momento de la contratación del manuscrito. Incluir en las directrices para autores indicaciones sobre estructura de encabezados, descripción de imágenes y uso de tablas de datos establece las bases de un contenido que será más fácil de hacer accesible. Cuando el autor proporciona un manuscrito con encabezados jerárquicos y descripciones de sus propias imágenes (que son quienes mejor conocen su significado), el trabajo de producción accesible se simplifica enormemente.

Durante la fase de edición, el editor literario puede contribuir a la accesibilidad cognitiva revisando la claridad del lenguaje, la coherencia de la terminología y la lógica de la estructura argumental. El editor de mesa, por su parte, puede verificar que las tablas sean realmente necesarias y estén correctamente estructuradas, que las imágenes aporten información relevante y que los enlaces internos funcionen. Estas revisiones, que forman parte del trabajo editorial habitual, adquieren una dimensión adicional cuando se realizan con consciencia de accesibilidad.

La dirección editorial tiene la responsabilidad de establecer la accesibilidad como criterio de calidad transversal, no como un añadido técnico. Esto implica incluir la accesibilidad en las guías de estilo, en los contratos con autores y proveedores, en las especificaciones de producción y en los criterios de evaluación de calidad de los productos finales.

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