Utilizar el color para transmitir información es una práctica habitual en publicaciones educativas, científicas y de referencia. Gráficos con series diferenciadas por color, tablas con celdas coloreadas para indicar estado, textos en rojo para señalar advertencias: todos estos recursos se vuelven inaccesibles cuando el color es el único medio de transmitir esa información. Aproximadamente el 8 % de los hombres y el 0,5 % de las mujeres experimentan alguna forma de deficiencia en la percepción del color.
WCAG 2.1, en su criterio 1.4.1 (nivel A), establece que el color no debe utilizarse como único medio visual para transmitir información, indicar una acción, solicitar una respuesta o distinguir un elemento visual. Esto no significa que el color no pueda usarse: significa que debe ir acompañado de al menos un indicador adicional. Un gráfico puede usar colores diferentes para cada serie, pero también debe añadir texturas, patrones o etiquetas directas. Un enlace puede colorearse, pero también debe diferenciarse mediante subrayado u otro estilo visual.
En el contexto editorial, este criterio tiene implicaciones prácticas claras. Los mapas que distinguen regiones solo por color necesitan etiquetas o patrones adicionales. Las instrucciones que dicen «pulse el botón verde» son inaccesibles si el botón no tiene también una etiqueta textual. Los cuadros de texto con fondo coloreado para indicar su función (aviso, ejemplo, nota) necesitan un encabezado o icono que transmita esa misma función sin depender del color.
Los editores pueden verificar la eficacia de sus diseños simulando diferentes tipos de visión del color. Herramientas como WebAIM Contrast Checker permiten evaluar si los colores elegidos ofrecen suficiente contraste, pero la verificación más práctica es preguntar: si esta página se imprimiera en escala de grises, ¿se perdería alguna información? Si la respuesta es sí, es necesario añadir un canal de información alternativo.
Fuentes: